Los ángeles

No hay nada más odioso que los ángeles. A diferencia de los mortales, que se mueren solos, una vez creados los ángeles tienen que ser eliminados uno a uno.

Mis criaturasustedes humanos incluídosson actores que con sus variados espectáculos me entretienen con su falsa compañía. El entusiasmo que pongo a veces en estas creaciones me lleva a organizar teatros infinitos llenos de personajes de todas las formas y colores... Pero cuando fatalmente me acaban aburriendo (todo, a la larga, acaba aburriendo) es un dolor de cabeza destruirlos.

Actualmente hay un grupito muy molesto revoloteando alrededor. Los creé quién sabe en qué eternidad y les di, a parte de inmortalidad, una misteriosa tendencia a "hacer las cosas bien". Desconozco lo que entienden con hacer las cosas bien, pues a parte de estar limitados por su finitud (son inmortales, pero no infinitos como yo) su concepto del bien va cambiando con el tiempo. Discuten entre ellos y van cambiando de opinión, y no todos de golpe, sino por grupos intercambiables, cosa que les lleva a menudo a grandísimas peleas. Esto a veces me divierte, pero como dije a la larga es muy cansino. Lo que me molesta más de ellos es su estúpida insistencia. Son como moscas. Los apartas un millón de veces y vuelven un millón de veces.

Hay algunos que, movidos por su irritante aunque entrañable prepotencia, dicen haberse "rebelado" contra mí. Su líder afirma representar el bien en una supuesta guerra contra un dios (yo) que encarna el mal. ¡Como si para mí hubiera alguna diferencia entre el bien y el mal! Ridículos y molestos, me digo a mí mismo que no los elimino por pereza, pero debo reconocer que sin ellos, a veces, mi eterna soledad sería todavía más difícil de llevar. ¡Pará, acá viene uno, pam!

1 comentario:

Anónimo dijo...

genial

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